Como nos dañan las creencias erroneas

caminando

Las creencias ejercen una poderosa influencia sobre nuestras vidas. Así mismo resultan notablemente difíciles de cambiar por medio de las normas tradicionales de pensamiento lógico o racional.

Existe sobre esto una anécdota narrada por el psicólogo humanista Abraham Maslow, acerca de un paciente que estaba siendo tratado por un psiquiatra. Aquella persona rehusaba tomar bocado o cuidar de sí misma, aduciendo que era un cadáver.

El psiquiatra pasó largas horas argumentando con aquel paciente, para intentar convencerlo de que no era un cadáver. Por fin le pregunto si los cadáveres sangraban, a lo que el enfermo respondió: “Por supuesto que no; todas sus funciones corporales se han detenido“. Entonces el psiquiatra le convenció para realizar juntos un pequeño experimento: le pincharía levemente con una pequeña aguja y verían si sangraba o no. El paciente se mostró de acuerdo. Despues de todo era un cadáver.

El psiquiatra procedió a pincharle el brazo con una aguja hipodérmica y, por supuesto, comenzó a sangrar. Con una mirada de enorme sorpresa y asombro, el paciente exclamó: “Diablos…, los cadáveres SANGRAN!

La sabiduria popular tiene muy claro que cuando alguien cree que puede hacer algo, lo hace, mientras que si está convencido de que no es posible, ninguna cantidad de esfuerzo lo convencerá de lo contrario.

Muchas personas insisten en sus creencias. “Ya es demasiado tarde“, “NO hay nada que pueda hacer“, “Esto me ha tocado a mí” o “Soy una víctima de …” y así limitan sus capacidades, debido a una creencia errónea firmemente arraigada.