Se imagina que después de un comercial de televisión, de un anuncio radial o de una publicidad escrita apareciera esta frase: “No se garantiza satisfacción”, seguramente usted dudaría y de pronto desistiría de comprar el producto promocionado.

Frecuentemente lo que hacen las compañías de cosméticos es citar a un grupo de mujeres o de hombres para que den la opinión del articulo. Por ejemplo, le aplican un perfume y determinan justo en ese momento que es del gusto de los consumidores.

No siempre está garantizado que el producto llene las expectativas del cliente, porque se carece de controles de calidad para determinar eso, lo más fácil es reunir un grupo de personas y sacar conclusiones, según un ingeniero químico que trabaja para una de las marcas de catálogo más exitosas del mundo.

Esa es la causa por la que muchas cremas que dicen contener colágeno no lo tienen, y es por eso que nunca se ven los beneficios que ofrece para la piel, porque no hay tal control para definir que es lo que contiene y que no.

Por otra parte, las empresas siempre consideran que luego de recuperar la inversión en un nuevo producto, el costo que llevará en el mercado será el más alto; lo que explica por ejemplo que las lociones sean las más caras dentro del mundo de los cosméticos. Los labiales, las pestañinas y las cremas faciales también están entre los más costosos.

Otro punto es que los productos también se proyectan para el futuro y el mejor usuario son las niñas. La publicidad tiene ese propósito el de ir preparando a las menores para iniciar a consumir todo tipo de cosméticos, es por eso que hay comerciales que utilizan famosas con sus hijas o comerciales de mujeres acompañadas con menores.

Según un estudio de NPD Group, una firma de investigación del mercado minorista, las niñas de ocho  a 12 años en Estados Unidos gastan más de US$40 millones mensuales en productos de belleza en tanto que las que tienen entre 13 y 17 gastan más de US$100 millones mensuales.