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Para liberarse del pasado

¿Qué importa lo que ha pasado? Las personas con las que compartí ya no están, debo dejarlas atrás con las vivencias que coincidimos. Sólo guardo conmigo sus enseñanzas pero a ellas las dejo partir y me permito a mí mismo soltarlas y disfrutar así del presente sin estar recordando el pasado.

Los errores que cometí, ya no podré devolverme en el tiempo para corregirlos, y si ahora me parecen errores, debo tener en cuenta que en su momento era lo mejor que podía hacer de acuerdo a lo que pensaba y sentía. Por eso me perdono ahora y en el pasado deben quedar.

  • Sólo pienso en el hoy y en adelante. Mientras viva tengo muchísimo camino por recorrer, hacer y aprender.
  • ¿Y ahora qué sigue? Necesito ubicarme y realizar las siguientes preguntas para que siga fluyendo la vida.
  • ¿en dónde estoy?
  • ¿cómo me siento?
  • ¿qué posibilidades tengo?
  • ¿hacia dónde quiero ir?
  • ¿qué es lo que quiero lograr?
  • ¿cómo lo voy a lograr?

Hay momentos de recesión, hay momentos de reflexión que al dejarlos fluir dejan salir más adelante momentos de movimiento, de creatividad, de estudio y de vida.

¡ADELANTE!

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme.. Hoy sé que eso tiene nombre… seguridad.
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.
Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo.
Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.
Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.
Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.
Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!
Autor: Charles Chaplin.

El ser humano es algo más que una simple combinación de diferentes átomos materiales. El ser humano posee la energía espiritual, la cual es más potente y luminosa que la luz solar misma.

Todos deseamos ser felices y vivir sin ninguna complicación, pero en nuestra vida diaria nos encontramos desafortunadamente, con miles de dificultades y muy pocas alegrías.

¿Cómo alcanzar entonces esa plataforma que nos garantice la clave del éxito en nuestra vida diaria? ¿Cómo desarrollar nuestras múltiples potencias y hacer que los demás respeten nuestra posición, e incluso nos imiten?

La práctica del yoga le ayudará a desarrollar todas estas potencias. Primero que todo, se hace necesario un completo control sobre la mente y los sentidos. Estamos viviendo actualmente en una época de mucha agitación, y es preciso desarrollar el auto-control, el cual sólo puede obtenerse mediante las sencillas y prácticas técnicas del yoga.

El yoga es un camino para acabar con los innumerables sufrimientos de nuestro cuerpo. El yoga nos puede dar fuerzas con las cuales no habíamos soñado antes. Es un proceso maravilloso, lleno de agradables sorpresas. Este camino lo conducirá a las regiones más profundas de su ser.

El yoga proviene de la cultura más antigua del mundo, la cultura de la India. Muchas historias místicas de la India nos cuentan cómo un yogi puede controlar la materia. Todos los poderes místicos provienen de Yogesvara, el Maestro de todos los poderes místicos.

Nuestro propio cuerpo posee muchos poderes, que nos diferencian de los animales. Sin embargo, de los yogis aprendemos que el hombre común que no practica yoga utiliza solamente el 10% de su capacidad intelectual.

Todos estamos buscando opulencia, deseamos ser queridos por los demás, queremos dominar el mal para que éste no nos afecte. Queremos seguridad y fuerza. Todo esto (créalo o no) está ahora en sus manos.

Empieza a practicar Yoga y meditación y observa cómo estos dos regalos de la vida empiezan a cambiar tu destino.

No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo decides.

Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida.

Lo mismo es aplicable a la felicidad. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento.

Miguel Ruizautor mexicano, chamán, y maestro.

Si quieres ser más consciente y explorar los espacios del espíritu medita estas siete verdades:

1. Todo llega para el bien: para evolucionar espiritualmente en esa escuela del amor que es la Tierra.

2 Todo pasa. Todo es prestado y no sufres cuando amas sin apegos y con libertad.

3. Todo tiene un sentido. Incluso lo que llamas “malo” es sólo un aprendizaje exigente.

4. Haz todo con amor y por amor. Haz todo con respeto, verdad, entrega, generosidad, ternura y perdón.

5. El sufrimiento está en la mente: es opcional. No sufres si asumes el dolor con aceptación y con amor.

6. El “malo” es tu maestro. En su inconsciencia te enseña perdón cuando te lastima, paciencia si te critica, desapego si te roba.

7. Todos somos uno. Somos parte de Dios y somos hermanos. No juzgues y mira a todos con ojos compasivos.

 Fuente: Oasis de Gonzalo Gallo

 

Todos somos susceptibles a un ataque de pánico ante una situación extrema, como puede ser un desastre natural, violencia o accidentes.

Pero el pánico también puede hacer presa de las personas en circunstancias ordinarias o cotidianas, es decir que pueden padecer este fenómeno síquico sin un motivo aparente, o por lo menos sin que se dé en su entorno alguna circunstancia fuera de lo común.

Quien es susceptible de pánico sin motivo aparente alguno, se trata de un individuo con alguna patología que altera su sique.

Este problema mental que aqueja a algunas personas puede aparecer sin previo aviso, y generalmente se presenta por primera vez en individuos con una edad entre los 18 y los 25 años. Intempestivamente sufren taquicardia, alteración de la presión sanguínea, sudoración exagerada, nauseas, vomito y una percepción falsa de la realidad, entre otros síntomas que desequilibran el organismo. Y se caracterizan por un nivel elevado de ansiedad. Lo cual repercute casi simultáneamente en la fisiología del afectado.

Y algo que aparentemente no debía por que tener consecuencias graves, desencadena en una espiral de temores, angustia y arrebato, como un torbellino incontrolable de miedo extremo, que afecta irremediablemente a la función orgánica del cuerpo. El efecto es irrefrenable y puede devastar al afectado en pocos minutos, aunque para la víctima parezcan horas de sufrimiento y congoja.

El terror a lo desconocido hace presa fácil al individuo que no sabe cómo contrarrestar la avalancha de ráfagas emocionales y pronto puede ser víctima de una convulsión severa que afecta su mente y físico. La persona se siente como atrapado en un callejón sin salida, con temores de muerte, lo cual le produce un presagio hacía el desfiladero sin retorno, lo cual se convierte en un círculo vicioso que le impide encontrar una salida a su pesadilla, sino que, como un remolino, lo arrastra hasta el fondo con la intención de asfixiarlo.

En las primeras experiencias no tiene recurso alguno para enfrentarla, pues ni siquiera sabe qué está pasando en su mente y su cuerpo. Resulta entonces un martirio indecible que lo marca con un temor más acendrado a la crisis y lo predispone a otra más impactante y cruel. Se dice que aproximadamente un 3 por ciento de la población mundial padece este mal.

En síntesis, podemos afirmar que las reacciones fisiológicas alteran a las sicológicas, formando una reacción en cadena que provoca un miedo desbocado, angustia y perturbación de la razón, que bien puede poner al borde del abismo al paciente, y sin saber por qué.

Tal vez te sientas muy triste y te estés preguntando:  ¿Por qué me Pasan Cosas Malas? ¿Por qué a mí? Será cuestión de suerte.

La respuesta está en tu mente,  el dolor y el sufrimiento surgen a partir de la percepción. La manera en que nuestra mente interpreta lo que sucede es lo que genera estados  de sufrimiento.  Los hechos en sí, no son ni malos, ni buenos, es tu interpretación de ellos, lo que le da significado y connotación de dolorosos, difíciles o maravillosos.

Cuando vives un suceso, cualquiera que este sea, pasa a través de los filtros de tu percepción. El primer filtro son tus sentidos, que depuran parte de la realidad, está fragmentada visión de la realidad llega a tu segundo filtro.

Este segundo filtro son tus creencias y valores, son los programas que se han establecido en tú mente producto de tu historia persona, y se  encargan de interpretar tu realidad.

Después de que tu mente ingresa la información, tú le das significado, la interpretas y la archivas. Y a la vez se crean  nuevos programas que actuarán en tu organismo y tendrán como resultado conductas y sentimientos concretos.

Es por esto que un mismo hecho, es vivido por cada ser humano de una manera totalmente diferente, porque cada individuo tiene un historial personal diferente por completo y procesa la información de modo distinto. Lo que para alguien puede significar un desastre o una tragedia, para otras personas puede interpretarlos como un reto o una oportunidad.

Si sientes que tu vida está llena de hechos que te causan sufrimiento, recuerda las palabras de Siddharta Gautama que decir: “El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.”

Piensa que los hechos no son ni buenos, ni malos, simplemente son eso “Hechos”; lo que le da la connotación dolorosa a los acontecimientos son los programas de tu mente utiliza para procesar esta información. Estos programas los has adquirido durante toda tu vida, pero puedes ajustarlos y hasta cambiarlos!

Pregúntate, sobre eso que estás viviendo, ¿Por qué te resulta tan doloroso? ¿Qué significado le estas dando?  Tal vez le estas dando demasiado valor a un hecho que podría ser poco trascendente. Recuerda que  las cosas que nos parecían trascendentes, con el pasar el tiempo ya no lo son tanto.