Hace algún tiempo, cuando un chico se negaba a comer lo que no era de su antojo se decía que estaba malcriado. Hoy esa conducta es considerada una patología que se estudia a la par de la anorexia y la bulimia. Se la conoce como Síndrome de Especialización en Comida y para muchos médicos constituye el trastorno alimentario más precoz.

La semejanza entre este tipo de casos ha llevado a algunos médicos a concluir que se trata efectivamente de una patología. El Síndrome de Especialización en Comida se da en chicos entre 1 y 3 años con una baja adaptabilidad y vínculos muy acotados, coinciden distintos informes médicos al trazar el perfil del trastorno.

Es evidente que existe una patología. Las mamás y los pediatras la reconocen desde hace tiempo pero recién en los últimos años ha empezado a distinguirse en los congresos médicos con características propias dentro de los trastornos alimentarios, dice la psiquiatra Mabel Bello, titular de la Asociación de Lucha contra la Bulimia y la Anorexia.

Si bien su desarrollo intelectual es normal, les cuesta mucho relacionarse. Uno los advierte con facilidad porque rehuyen la mirada; no les interesa abrirse socialmente; en el mejor de los casos se vinculan apenas con uno o dos miembros de su grupo familiar, que pueden ser la mamá y la abuela, señala la psiquiatra.

A su vez -agrega- llevan esa conducta al plano de la comida. Comen siempre lo mismo, lo que les da seguridad, y rechazan todo lo demás. He visto chicos que sólo se alimentan de chocolate y leche, o de ñoquis y yogurt; las elecciones son antojadizas y no responden necesariamente a alimentos que no engordan.

Tratar con un chico que se niega a comer -contra lo que imaginan a menudo quienes desconocen la experiencia- no es cosa fácil. Si bien suelen verse padres que no saben imponer normas, los chicos pueden ser muy tenaces: vomitan, escupen, son capaces de quedarse seis horas frente a un plato de comida sin tocarlo. No es sencillo: hay que tener ingenio para no violentarlos porque resulta peor.

Tal vez algunos pediatras dirán ‘cuando tenga hambre va a comer’, pero en la proyección -explica- lo que se ve es que estos chicos, que tienen una tendencia a la huida frente a lo nuevo, presentan a la larga otras dificultades de adaptación. Por eso lo que se intenta en los tratamientos es enseñarles a ampliar su campo de experiencias.