¿Que tan honradas son las personas?

En 1984 Paul Feldman, un economista norteamericano, inició un peculiar negocio basado en la honradez de sus clientes. Feldman distribuía temprano cada mañana cestas con rosquillas, que dejaba, sin vigilancia alguna, en distintas ocicinas en Washington. Junto a las cestas colocaba un cartel que indicaba el precio de las roscas el cual erá de un dolar y una cajita donde la gente debía depositar el dinero. Luego el empresario pasaba nuevamente por las oficinas recogiendo las cestas con las roscas restantes y el dinero recolectado.

El negocio de Feldman, según se reseña en el libro Freakonomics (Steven Levitt y Stephen Dubner), prosperó rápidamente y en pocos años estaba distribuyendo unas 8 mil roscas semanales entre 140 compañías.

Al principio, Feldman dejaba una cesta abierta para las monedas, pero el dinero se desvanecía con excesiva frecuencia. Entonces probó con un bote de café con una ranura en la tapa de plástico, que también resultó demasiado tentador. Al final, tuvo que fabricar pequeñas cajas de contrachapado con una ranura en la parte superior. La caja de madera había funcionado. Cada año deja cerca de siete mil cajas y pierde, de media, sólo una por robo. Una estadística interesante: las mismas personas que automáticamente roban más del 10% de sus rosquillas casi nunca se rebajan a robar su caja del dinero, un tributo al matizado valor social del robo.

Los datos también demuestran que las oficinas pequeñas son más honradas que las grandes. Una oficina con pocas decenas de empleados generalmente paga de un 3% a un 5% más que otra con varios cientos. Esto tal vez parezca contrario a lo que debería dictar lo intuitivo. En una oficina más grande, seguro que se reúne un mayor número de personas alrededor de la mesa de las rosquillas, lo que proporciona más testigos de que quien toma una rosquilla introduce su dinero en la caja. Pero en la comparación oficina grande/ oficina pequeña, el delito en relación con las rosquillas parece reflejar lo que ocurre en la calle. Existe mucha menos delincuencia callejera per cápita en las zonas rurales que en las ciudades, en gran parte porque un delincuente rural tiene más probabilidades de ser conocido (54 por lo tanto, atrapado). Además, una comunidad más pequeña tiende a emplear mayores incentivos ¿sociales contra el crimen, el principal de los cuales es la vergüenza. Los datos de las rosquillas también reflejan cuánto afecta a la honradez el humor en que uno se encuentra. El tiempo, por ejemplo, constituye un factor fundamental. El buen tiempo anormal en una época del año determinada estimula a la gente a pagar, mientras que el tiempo frío hace que la gente tenga tendencia a engañar, y lo mismo ocurre con la lluvia 0 el viento fuertes. Las vacaciones son aún peores. *

Feldman también llegó a sus propias conclusiones acerca de la honradez, basándose más en la experiencia que en los datos. Ha llegado a creer que el estado de la moral es un factor importante:

Cuanto más a gusto están con sus jefes y su trabajo, más honrados son los empleados de una oficina. También considera que cuanto más arriba en el escalafón se encuentran los  trabajadores, más propensos a engañar son, Llegó a esta conclusión tras servir durante años a una empresa distribuida en tres plantas: una planta ejecutiva superior y dos inferiores ocupadas por los empleados de ventas, servicios y administración. (Feldman se preguntaba si quizá los ejecutivos engañaban debido a un sentido excesivamente desarrollado de sus privilegios. Lo que no consideró es que quizás engañar fue lo que los llevó a llegar a ejecutivos.) *

La Conclusión fue:

Aunque un gran porcentaje de personas hace trampa, también hay un gran porcentaje de personas que no hacen trampa. La honestidad de la gente quedo demostrada, aunque algunos de sus amigos economistas le dijeron que el sistema nunca funcionaría, Feldman descubrió que la tasa de pagos era de 87%. Es decir, no todo el mundo pagaba, pero al menos 87% es decir que la mayoria de las personas si son honestas!

* Apartes tomados del Libro: Freakonomics – Un economista políticamente incorrecto explora el lado oculto de lo que nos afecta, escrito por Steven Levitt y Stephen J. Dubner.