Es lo primero que hacemos al nacer y lo último cuando morimos.

Es lo que nos tiene conectados a la vida y al universo. Es una de las formas de alimentarnos a través de Prana o energía vital y que necesitamos para desempeñar todas las funciones de nuestro organismo.

Se puede pasar cuatro días sin tomar agua, diez días sin comer sólidos pero sin respirar escasamente unos minutos. Y somos conscientes de ello?  Es algo que se hace automáticamente, casi ni lo percibimos y con el estrés y el agitado modo de vivir en nuestra sociedad moderna descuidamos por completo.

Hay varios tipos de respiraciones como se explica en el artículo de la respiración completa.

Debemos siempre reflexionar sobre la importancia de la respiración pues además de ser esencial para todas las funciones vitales,  a través de ella también:

  • Podemos lograr concentrarnos mejor y tener un óptimo rendimiento en nuestro trabajo.
  • Calmar y controlar emociones como el enfado, asombro y otras más que nos nublan la mente instantáneamente y nos hacen tomar decisiones equivocadas. Por algo hay un dicho que dice: “cuando estés enfadado, antes de actuar cuenta hasta 10”, es para dar espacio a que la respiración oxigene tu cerebro y refresque tus ideas.
  • Tener una mejor resistencia en actividades físicas. Cuando haces ejercicio en gimnasio, o escalas una montaña, levantas pesas, etc., si manejas la respiración al ritmo de tus movimientos,  puedes alcanzar mejores niveles y con un nivel de desgaste inferior.
  •  Es el puente que conecta el mundo material, físico, con nuestra mente y espíritu, es por eso que es el primer paso para la meditación y el encuentro con nuestra esencia, nuestra espiritualidad.  Al concentrarnos en nuestra respiración podemos empezar a escuchar nuestro cuerpo y sus otras funciones como la circulación, digestión, lo que nos permite aquietar nuestra mente y encontrarnos con nuestro interior, con nuestra Chispa Divina y entender mejor la razón y el aprendizaje de nuestra existencia.