¿Cómo funciona el miedo en tu organismo?

Todas las personas sienten miedo alguna vez. Quizás los miedos más tempranos son aquellos que ponen en peligro nuestra sensación de seguridad como la oscuridad, el estar solos, el sentirnos abandonados.

Así como hay miedos innatos también hay aprendidos. Los miedos innatos han evolucionado a lo largo del tiempo y forman parte de la supervivencia. Dentro de los miedos innatos, hay una categoría que se refiere a los miedos preparados. Estos miedos no están activos al nacer, pero tienen la tendencia a accionarse rápidamente bajo determinadas circunstancias. Los miedos más comunes de éste tipo son los miedos a las arañas, serpientes, alturas y lugares cerrados, y se presentan en todas las culturas.

Los miedos aprendidos se generan debido a determinadas experiencias particulares que experimenta una persona y que le generan un miedo a un estímulo determinado. Todos los animales aprenden a tener miedo de aquello en el medio que les causa dolor o sufrimiento. Los seres humanos hemos aprendido no sólo a tener miedo de aquello que nos puede causar dolor físico, sino también de aquello que nos causa dolor emocional como humillación, culpa, desesperanza, arrepentimiento, etc.

El miedo es una alarma que nos avisa de la existencia de un peligro, con lo cual se activa todo un sistema de alerta tanto fisiológico como psicológico, para superar la amenaza y conservar la vida. Es un mecanismo útil ya que sin el miedo, no tendríamos cautela ante situaciones como acercarnos a una serpiente venenosa, cruzar la calle sin fijarnos si vienen coches o aventarnos de un avión sin paracaídas, por nombrar unos ejemplos.

El miedo es nuestra emoción más primaria. El miedo intenso toma control de todo lo que esté en nuestra mente y de nuestro cuerpo. Al sentir un peligro intenso, perdemos el interés por comer, dormir, por el sexo, o por cualquier otra cosa que no sea el buscar la manera de superar la amenaza.